Ocho personas de las cooperativas agrícolas Ija'tz e Innoc posan en el laboratorio de extracción de aceites esenciales de la Universidad del Valle de Guatemala. Rodrigo Aragón está al extremo derecho y Elizabeth es la cuarta desde la izquierda.

“Mens et manus” en Guatemala

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Por: Leda Zimmerman

La alianza ASPIRE lleva la investigación, la innovación y el emprendimiento al estilo MIT a Centroamérica, generando un desarrollo sostenible por y para la gente.

Link al artículo original en MIT News.

En junio de 2024, en un laboratorio nuevo y bien equipado de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), miembros de dos cooperativas de agricultores mayas observaron de cerca cómo Rodrigo Aragón, profesor de ingeniería mecánica, demostraba el funcionamiento de una máquina de ultrasonido industrial. Luego invitó a cada uno de ellos a probar el dispositivo.

“Para nosotras, es un sueño poder interactuar con la tecnología”, dijo Elizabeth Saloj, integrante del colectivo de mujeres Ija´tz, uno de los grupos que estuvo presente, ubicado en el altiplano de Guatemala.

Después de un tumultuoso viaje de siete horas en autobús, los agricultores llegaron a la ciudad de Guatemala con sacos llenos de romero, manzanilla y tomillo. Su objetivo: explorar procesos de extracción de aceites esenciales de sus plantas e identificar nuevos productos para fabricar con esos aceites. Actualmente, los agricultores venden sus hierbas en los mercados locales con fines medicinales o culinarios. Con nueva tecnología, dice Aragón, pueden agregar valor a su cosecha, utilizando aceites de hierbas como base para perfumes, jarabes y tinturas que llegarían a mercados más amplios. Estos bienes podrían proporcionar ingresos muy necesarios a los hogares de los agricultores.

Tres personas trabajando en un equipo de laboratorio.

Aprendiendo sobre nuevos métodos de extracción de aceites esenciales, Elizabeth Saloj prueba el rotavapor en el laboratorio de extracción de la UVG. Foto: ASPIRE

Una estrategia para la transformación

Esta colaboración es tan sólo una parte de un proyecto pionero financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y gestionado por MIT, la UVG y la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT), llamado ASPIRE (Alianzas Sostenibles para la Innovación, Investigación y Emprendimiento). Lanzada en 2021, la iniciativa de cinco años y 15 millones de dólares tiene como objetivo determinar si la UVG y, eventualmente, otras universidades de Centroamérica pueden convertirse en gigantes de la resolución de problemas que investiguen, diseñen y construyan soluciones con y para las personas más necesitadas.

“La visión de ASPIRE es que en una década los investigadores de la UVG colaboren con miembros de la comunidad en investigaciones que generen resultados que sean relevantes para abordar los desafíos del desarrollo local, resultados que sean recogidos y utilizados por los formuladores de políticas y actores del sector privado”, dice Elizabeth Hoffecker, investigadora co-principal de ASPIRE en MIT y líder del Grupo de Innovación Local de MIT.

La UVG, la principal universidad privada de Guatemala, ha adoptado a ASPIRE como parte de su plan estratégico a largo plazo y ahora está llevando a cabo cambios de amplio alcance basados ​​en un manual desarrollado en MIT.  Particularmente, se ha incluido el MIT D-Lab, que implementa diseño participativo, creación de recursos, tecnologías de bajo costo y desarrollo de capacidades para enfrentar los complejos desafíos de la pobreza.

Aunque carece de los recursos (y programas de doctorado) de una típica universidad estadounidense, la UVG tiene grandes ambiciones para sí misma y para Guatemala.

“Queremos prosperar y liderar el país en investigación y docencia y para lograrlo estamos creando un ecosistema de innovación y emprendimiento, basado en las mejores prácticas extraídas de D-Lab y otros grupos de MIT”, afirma Mónica Stein, vicerrectora de investigación y divulgación de la UVG, quien es doctora por la Universidad de Stanford en biología vegetal. “ASPIRE realmente puede cambiar la forma en que se realiza el trabajo de desarrollo y la investigación local para que tenga un mayor impacto”, dice Stein. “Y, en teoría, si se tiene más impacto, se mejoran los resultados ambientales, los resultados de salud, los resultados educativos y los resultados económicos”.

Innovación y emprendimiento local

Cambiar de rumbo en una universidad y lanzar iniciativas de desarrollo novedosas son desafíos complejos, pero con capacitación y talleres realizados por colaboradores entrenados por D-Lab, el personal de ASPIRE con sede en MIT, los profesores, el personal y los estudiantes de la UVG están adoptando el cambio. Los programas en marcha deberían resultarles familiares a cualquiera que haya puesto un pie recientemente en el campus de una universidad de investigación de Estados Unidos: hackathons, makerspaces, pitchapaloozas, concursos de emprendimiento y spinouts. Pero en la UVG, todo esto tiene un propósito mayor: abordar los objetivos de desarrollo sostenible.

El director de MIT-ASPIRE, Dan Frey, cree que algunos de estos programas ya están dando sus frutos, en particular un servicio de tutoría de empresas (UVG EMS) de UVG, inspirado y facilitado por la propia organización VMS de MIT. “Nos gustaría ver a los estudiantes construir empresas y mejorar sus medios de vida y los de las personas de comunidades indígenas y marginadas”, dice Frey.

Los socios de ASPIRE tienen la intención de facilitar que las comunidades de ingresos más bajos compartan una mayor parte de la riqueza de Guatemala, derivada principalmente de productos agrícolas. A través de una alianza con AGEXPORT, la cual permite establecer contactos con empresas de todo el país, el equipo se centró en crear o mejorar la cadena de valor para varios cultivos clave.

“La arveja china ofrece un gran objetivo tanto para la investigación como para la innovación”, dice Adilia Blandón, directora del proyecto de investigación ASPIRE y profesora de ingeniería en alimentos en la UVG. Muchas comunidades agrícolas cultivan arveja china, que luego envían a empresas para exportarlos a Estados Unidos. A menos que estas arvejas tengan una forma y un color perfectos, no logran llegar al mercado. Casi un tercio de la cosecha de Guatemala se queda en plantas procesadoras, se convierte en alimento para animales o termina en la basura.

El equipo de arveja china localizó a agricultores de dos cooperativas que querían resolver este problema. En una serie de sesiones de co-creación, estos productores e ingenieros mecánicos de la UVG desarrollaron un prototipo de carro de baja tecnología para recolectar las arvejas, elaborado con materiales locales fácilmente adquiridos, que puede recorrer los senderos empinados y estrechos de las colinas donde crecen las plantas. Este método evita apretar las arvejas chinas en una bolsa de cosecha convencional. Además, el proyecto de arveja china ha involucrado a mujeres de una escuela técnica para diseñar un delantal de cosecha para las productoras de arveja china. “Esta podría ser una oportunidad de negocio para ellas”, dice Blandón.

Blandón recuerda vívidamente su primer taller de ASPIRE, centrado en el diseño participativo. “Me abrió los ojos como investigadora en muchos sentidos”, dice. “Aprendí que, en lugar de tomar información de las personas, puedo aprender de ellas y crear cosas con ellas que realmente les entusiasmen”. Cambió por completo su forma de abordar la investigación, afirma.

Al trabajar con comunidades mayas que producen arvejas, donde la desnutrición y las enfermedades son rampantes, los investigadores de Blandón y ASPIRE descubrieron que las familias no comen esta verdura rica en proteínas porque no la encuentran sabrosa, a pesar de que sobra gran parte de la cosecha. Las sesiones de diseño participativo con un grupo de madres arrojaron una posibilidad intrigante: moler arvejas para obtener harina, que luego se incorporaría a platos tradicionales a base de frijoles y maíz. Las recetas que nacieron de esta colaboración podrían llegar a WhatsApp o TikTok, aplicaciones móviles conocidas para estas familias.

Construyendo cadenas de valor

Una gran variedad de proyectos de investigación adicionales está abriendo puertas para el descubrimiento de formas novedosas de agregar valor a los productos cultivados o elaborados por manos guatemaltecas.

Éstos incluyen un conjunto de herramientas educativas desarrollado con trabajadores de extensión agrícola del gobierno para enseñar a los productores de aguacate cómo mejorar sus prácticas. El objetivo a largo plazo es cultivar y exportar fruta más grande y libre de imperfecciones para el lucrativo mercado estadounidense, actualmente dominado por México. El kit, que presenta gráficos sencillos para los productores que no saben leer o no tienen tiempo, ofrece lecciones sobre el cuidado del suelo, la fertilización y la protección de la fruta después de la cosecha.

Ocho personas trabajando alrededor de una mesa con papeles coloridos extendidos y organizados.

Adilia Blandón (izquierda), junto con investigadores y estudiantes de ASPIRE, prueba el primer prototipo del kit educativo desarrollado para productores de aguacate. Foto: ASPIRE.

La directora de investigación de ASPIRE UVG, Ana Lucía Solano, está especialmente orgullosa de “un juego inmersivo y animado similar a Monopolio que muestra a los agricultores el impacto de actividades como la compra de fertilizantes en sus finanzas”, dice.  “Si los pequeños productores mejoran sus prácticas, tendrán mejores oportunidades de vender sus productos a un mejor precio, lo que les permitirá contratar más personas, enseñar a otros más fácilmente y ofrecer mejores empleos y condiciones laborales, y tal vez esto ayude a evitar que los trabajadores agrícolas tengan que abandonar el país”.

Solano acaba de iniciar un programa similar para educar a los productores de cacao. “El cacao de Guatemala es maravilloso, pero los productores, que tienen un gran conocimiento nativo, también necesitan aprender nuevos métodos para poder transformar su chocolate en el tipo de producto de alta calidad que se espera en los mercados europeos, con la ayuda de AGEXPORT”, dice ella.

En el campus del Altiplano de la UVG, el instructor maya Jeremías Morales, quien dirige el makerspace, se capacitó con Amy Smith de D-Lab para facilitar programas creativos de desarrollo de capacidades.  Está trabajando con pueblos cercanos para encontrar una solución al agotador trabajo de plantar plántulas de brócoli.

“Aquí en Guatemala, los pequeños agricultores no tienen tecnología para hacer esta tarea”, dice Solano. A través de talleres de diseño y creación de prototipos, la aldea y los socios de la UVG han desarrollado un dispositivo económico que realiza este doloroso trabajo. “Después de la siguiente versión de esta tecnología, podremos ayudar a los participantes a iniciar un negocio”, dice Solano.

Las oportunidades para inventar soluciones a problemas comunes pero desconcertantes siguen apareciendo.  Un pequeño pueblo de 100 familias tiene que compartir dos molinos para moler maíz para sus tortillas. Es un gasto doméstico importante. Con facilitadores de ASPIRE, un grupo de mujeres diseñó un prototipo de molino de maíz para uso doméstico. “Al principio se mostraron escépticas, especialmente cuando sus prototipos iniciales no funcionaron”, informa Solano, “pero cuando finalmente lo lograron, había mucho entusiasmo por los resultados, una energía y felicidad que se podía sentir en la sala”.

Tres personas liderando una demostración de creación frente al salón.

Amy Smith (al centro), profesora de ingeniería mecánica en el MIT y fundadora del MIT D-Lab, y Michael Tarkanian, profesor de ciencia e ingeniería de materiales, lideran un taller de Elementos de Máquina y Diseño Avanzado para ASPIRE en el makerspace D-Hive de la UVG. Foto: ASPIRE

Adoptar una mentalidad MIT

Este sentimiento de empoderamiento, pilar del desarrollo sostenible, tiene un gran significado para el profesor Víctor Hugo Ayerdi, director del proyecto ASPIRE (UVG) y director del Departamento de Ingeniería Mecánica.

“En la universidad y después de graduarme, pensé que como todo venía de países desarrollados y yo estaba en un país en vías de desarrollo, no podía inventar productos”. Con esa mentalidad, dice, empezó a trabajar en fabricación y ventas en una empresa internacional de neumáticos.

Pero cuando llegó a la UVG en 2009, Ayerdi escuchó de estudiantes de ingeniería mecánica que anhelaban experiencia práctica en el diseño y construcción de cosas. Decidido a crear espacios creadores para los tres campus de la UVG, realizó una excursión a MIT.

“El viaje cambió mi vida”, dice. “La mentalidad de MIT es creer en uno mismo, intentar cosas y fracasar, pero asumir que tiene que haber una manera de hacerlo”.  Como resultado, dice, se dio cuenta de que los profesores y estudiantes de la UVG también podían utilizar el conocimiento científico y de ingeniería para inventar productos, convertirse en empresarios y generar crecimiento económico; tenían la capacidad.  Él y otros colegas de la UVG estaban preparados para el cambio cuando surgió la oportunidad ASPIRE.

Mientras algunos proyectos de investigación de ASPIRE terminan sus fases iniciales, otros apenas se están preparando, incluido un esfuerzo por crear un sistema de purificación de agua a partir de caparazones de camarones cultivados. “Apenas estamos empezando a obtener resultados de nuestra investigación”, afirma Stein. “Pero apostamos totalmente por el modelo ASPIRE porque funciona en MIT y otros lugares”.

Dos hombres con batas de laboratorio trabajando en un equipo de laboratorio.

Víctor Yaxón y Filiberto Saloj, miembros del colectivo agrícola maya Kaqchikel, prueban la máquina de ultrasonido industrial con ASPIRE. Foto: ASPIRE.

Los socios de ASPIRE reconocen que están considerando plazos prolongados para lograr avances significativos contra los desafíos ambientales, de salud, educativos y económicos.

“Mi mayor esperanza es que ASPIRE haya plantado la semilla de este modelo de ecosistema de innovación y emprendimiento, y que en una década la UVG haya optimizado los diferentes programas, ya sea de formación, de emprendimiento o de investigación, lo suficiente como para transferirlos activamente a otras universidades centroamericanas”, dice Stein.

“Nos gustaría ser el centro de esta red y queremos seguir conectados porque, en teoría, podemos trabajar juntos en problemas que tenemos en común en nuestra región. Eso sería realmente genial”.

Sobre ASPIRE

ASPIRE es un proyecto de cinco años y $15 millones de dólares, financiado por USAID e implementado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) y la Asociación Guatemalteca de Exportadores (AGEXPORT) con el objetivo de crear modelos replicables sobre cómo las universidades latinoamericanas y sus colaboraciones con el sector privado, gobierno y comunidades locales, pueden responder a las necesidades locales y regionales de desarrollo.